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Curar la incontinencia es posible

La incontinencia urinaria en la mujer es la pérdida involuntaria de orina en un momento inadecuado por vía uretral o extrauretal. La afectada tiene una necesidad imperiosa y repentina de orinar, pero es incapaz de retenerla. La incontinencia urinaria puede producirse en cualquier momento, ya sea realizando algún esfuerzo o ejercicio físico o en actividades cotidianas.

Esta patología origina un problema higiénico, social y psicológico para la persona que la padece, incluso pudiendo llegar a una posible depresión, ya que influye en su actividad periódica y reduce notablemente su calidad de vida. Además, se ha comprobado que se ven afectados aspectos de su vida diaria como el sueño y el descanso, la movilidad, el comportamiento emocional, la interacción social y las actividades lúdicas. Suele darse con mayor frecuencia entre mujeres de entre 50 y 60 años y, aunque no se considera se una enfermedad por sí misma, es un signo común de otras muchas alteraciones o enfermedades.

La incontinencia urinaria se produce en el momento en el que la presión dentro de la vejiga es superior a la presión en la uretra. Esto se debe, normalmente, a una hiperactividad del detrusor que puede ser motivada por un problema neurológico, por una alteración del esfínter externo y de los músculos del suelo pélvico, por el fallo del esfínter interno debido a una relajación inapropiada o lesión orgánica o, en último caso, por un daño neuronal.

Se estima que en un 50% de las personas la incontinencia urinaria es transitoria o reversible, debida a causas como la infección de orina, que provoca pérdidas por irritación de las paredes de la vejiga, aumentando la fuerza contráctil del músculo detrusor e impidiendo a la paciente ir al baño; otra causa es la uretritis o vaginitis atrófica, frecuente en la menopausia. También es usual la depresión, debido a que la mujer no tiene un control voluntario de la micción; la insuficiencia cardiaca, que produce escape de orina nocturno por la reabsorción de líquidos al estar tumbados o el fecaloma, un prolongado estreñimiento que hace que se comprima la vejiga y que termina vaciándose a causa del rebosamiento. Por último, es frecuente también la incontinencia debida al uso de fármacos, destacando sedantes, antidepresivos, diuréticos y ciertos medicamentos que controlan la tensión arterial.

El otro 50% de los casos corresponde a la incontinencia urinaria permanente, en cuyo caso se encuentran tres tipos principales: incontinencia urinaria de urgencia, inestable o vejiga hiperactiva; incontinencia de esfuerzo e incontinencia por rebosamiento.

La incontinencia urinaria de urgencia, inestable o vejiga hiperactiva es la más frecuente en ancianos, y consiste en la pérdida involuntaria de orina asociada a un fuerte deseo de orinar. La mujer no puede evitar hacerlo, y suele acompañarse de micciones tanto diurnas como nocturnas.

La incontinencia de esfuerzo en la mujer es la pérdida de orina involuntaria ante un esfuerzo cotidiano, como por ejemplo toser, estornudar, reír, levantar peso, etc. Es el tipo más frecuente de incontinencia en la mujer.

Por último, la incontinencia urinaria por rebosamiento consiste en la pérdida involuntaria de orina que se manifiesta en forma de goteo, derivada de una retención de orina. La mujer puede tener de dificultad en el vaciado de la vejiga.

No obstante, es bastante frecuente que todo ello derive en formas mixtas de incontinencia urinaria. Una incontinencia de esfuerzo puede generar además, con el tiempo, en una por urgencia, ya que la mujer va a evitar tener demasiada orina en la vejiga, por lo que va a preferir orinar frecuentemente, generando así una irritabilidad excesiva del músculo detrusor. Los grados de incontinencia urinaria dependen, en cualquier caso, de la cantidad de orina perdida y la frecuencia de esta.

El tratamiento de esta patología requiere un estudio y posterior tratamiento específico, por lo que es imprescindible una adecuada valoración y estudio individualizado por parte de nuestros profesionales. De este modo, los pacientes recuperarán el control de la vejiga, aprendiendo a resistir el impulso de salida de la misma y contribuyendo, por tanto, a aumentar la capacidad de esta. La afección consigue tratarse correctamente mediante ejercicios y tratamientos que desarrollan los músculos del suelo pélvico, aunque también se valorarán las preferencias de la paciente, el tipo de vida que realiza y sus circunstancias personales.

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