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La tendinitis aquílea, un problema frecuente

El tendón de Aquiles es una pieza clave para el corredor, principalmente el de fondo, aunque también para el corredor popular. La tendinitis aquílea es la lesión que se presenta con mayor frecuencia en este ámbito deportivo y que supone el 20% de las tendinitis del pie.

El tendón calcáneo es el más potente del cuerpo humano y está situado en la parte posterior del hueso, cerca del talón. Su principal función es la de flexionar el tobillo, propulsando así la marcha al caminar, correr o saltar. En todas estas actividades, el talón de Aquiles soporta fuerzas de hasta diez veces el peso corporal.

La tendinitis aquílea, por tanto, es la inflamación del tendón de Aquiles. Estos tendones son los que unen los músculos gastrocnemios o gemelos y soleo con el hueso cálcico del pie.

Por eso las causas de esta patología son generalmente por un sobreesfuerzo, es decir, debido a fuerzas repetitivas que causan la inflamación en el tendón. También es frecuente que se de por un uso excesivo o por el repentino aumento de una determinada actividad, ya que eso implica un esfuerzo demasiado grande sobre el tendón de forma muy veloz, ocasionando lesiones en las fibras de este. Debido a esta continua tensión que ejerce, el cuerpo no es capaz de reparar todo el tejido lesionado, y es entonces cuando se altera su estructura y deriva en un dolor continuo.

Otro de los más importantes motivos de su aparición es el acortamiento de la musculatura posterior de la pierna, principalmente de los gemelos y el sóleo, encargados de la extensión del pie. Este acortamiento se suele acentuar, además, al tener unos gemelos muy voluminosos en el caso de los hombres o al uso de zapatos de tacón en el de las mujeres.

No obstante, se han descubierto errores o malos hábitos en los entrenamientos deportivos, que posteriormente son factores determinantes para que se produzca la tendinitis aquílea. Entre ellos destacan los ejercicios repetidos en pendientes o sobre terrenos desiguales, los calentamientos inadecuados en el caso de que los haya o el aumento considerable en la intensidad de los mismos que se realizan.

Además, esta patología es común que se presente en personas jóvenes, concretamente en corredores de fondo, aunque también puede darse en otros ámbitos deportivos o personas que someten sus pies a tensiones fuertes y repetitivas. Las personas que tienen una pronación excesiva, es decir, un aplanamiento del arco, también son proclives a presentar tendinitis aquílea, debido a que se ejerce un mayor
esfuerzo sobre el tendón a la hora de caminar.

El síntoma más frecuente de la tendinitis aquílea incluye molestia o dolor en el talón y en la parte inferior de la pierna a la hora de caminar o de correr. Suele ser un dolor que aparece de forma repentina después de un entrenamiento acelerado, pero posteriormente deriva en un aumento del mismo con la actividad, tanto al inicio como al final de esta. También se encuentra una rigidez y gran sensibilidad inusual al tocar o presionar la zona, así como hinchazón en el tendón de Aquiles junto a una fuerte debilidad en la pierna afectada. El tendón suele doler al tacto o al moverlo, y el área afectada puede, en este momento, estar hinchada y cliente. En reposo, es posible que este dolor se calme o no esté presente.

En función del tiempo que pase, la tendinitis aquílea hace que el dolor que se produce sea constante e incluso permanente, impidiendo la práctica deportiva e incluso grandes esfuerzos. Si no cesa esta actividad, la inflamación puede propagarse al tendón y este sufrir degeneración mucoide y fibrosis. En este caso es mayor aún el dolor y empeora a medida que se realicen movimientos.

Normalmente, los casos de tendinitis de Aquiles empiezan poco a poco, con algo de dolor, pero van empeorando a medida que pasa el tiempo. En algunos casos, la patología progresa hasta la degeneración, donde el tendón puede alargarse y presentar nódulos en la zona en la que está lesionado el tejido.

Por ello, el objetivo principal del tratamiento es aliviar el dolor y reducir la inflamación. Todo depende, no obstante, de cuánto tiempo ha estado presente la lesión y el grado de daño que ha hecho al tendón de Aquiles, ya que normalmente pueden pasar al menos 2 o 3 meses hasta que el dolor definitivamente desaparezca.

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